domingo, 2 de marzo de 2008

Las calles son nuestras


Las calles son nuestras, originally uploaded by Esquinadelaiguana.

Una ciudad sin graffiti no es una ciudad, es un cementerio. Los graffitis son la voz del oprimido, de los de abajo, de los que no tienen acceso al poder. El graffiti se ha convertido en el pulso más próximo de los ignorados, las voces disidentes, los gritos de guerra. Sur América, desde luego, no es la excepción. De las ciudades que he visitado en los pasados dos meses: Såo Paolo, Río de Janeiro y Buenos Aires, el despliegue de arte urbano, graffiti y marcas callejeras es monumental.

Incluso, he visto libros y he escuchado entrevistas radiales de grupos feministas en La Paz, Bolivia, que utilizan el graffiti como principal medio de expresión y resistencia. El movimiento "Ninguna mujer nació para puta", lo marca todo el tiempo en sus consignas.

Buenos Aires está repleta de frases y reclamos. En las calles, los pisos, las paredes, las puertas, en los kioscos. Hay cientos, miles de frases, dibujos, pasquines, con todo tipo de consignas, peticiones y protestas. Dibujos muy bien logrados o stencils borrosos que no logras entender. De todos, esta frase resume para mí, la fuerza de la expresión pública, las trincheras del pueblo y la democracia: "Las calles son nuestras".

el lunar


el lunar, originally uploaded by Esquinadelaiguana.

El bloqueo a la hora de escribir es uno de los traumas más mencionados en talleres de escritura, cuando alguien dice que no sabe o no puede expresar por escrito, todo lo que le nace por dentro.

Das vueltas, te pones a hablar por teléfono, organizas cajas llenas de papeles que llevas tiempo procastinando, pero no hay dios que te ponga a escribir. Sigues dando vueltas o mojoneas a full, por tal de no escribir lo que te toca.

Aunque sé muchas técnicas, serias y ridículas, para ponerse a escribir, a veces, yo misma me quedo atrapada en mil musarañas mentales que me paralizan... Todas, hasta que nació mi hermoso lunar.

El puntito negro puede aparecer, en cualquiera de de los contornos superiores de mi boca, a la hora del bloqueo más espectacular, por no decir, el bloqueo más cab^%$*&.

Puede venir acompañado de algún peinado fabuloso, turbante, sombrero coqueto, eyeliner marrón, verde o azul, sombras platinadas y un lápiz labial seductor.

El lunar aparece y el estrés por entregar el trabajo, pasa a segundo plano. Entonces, soy La Lola, La Mariglory o simplemente la chica del lunar. No sé qué me da ese puntito negro sobre la boca, que me pone a escribir, casi con rabia, y me hace terminar los trabajos más rápido de la cuenta. Obviamente, tengo que confesar que fue mi amigo Chascas, colega de las letras y maestro de guiones, quien me dio la maravillosa idea de pintarme el lunarcito cada vez que la escritura se ponía pesada.

La semana pasada lo usé y debo admitir, que a la hora de terminar dos notas, me miré al espejo y no me quedaba nada, sólo una manchita marrón que parecía un bigote a medio estar.

Lo tengo pensado, pero todavía no me animo. Si mucha gente se hace tatuajes en la espalda o en el mollero, para jurarle amor eterno a alguna pareja, tal vez sea válido, pintarme mi lunar como un tatuaje fijo cerca de la boca por tal de entregar todas mis historias a tiempo. Quién sabe, tal vez si me lo pinto, entonces, me acostumbro a él y tendría que hacer otro truquito para engañar al subconsciente. Y no sería tan sexy pintarme un bigote para escribir. Tendría que probar.

donde todo comenzó


donde todo comenzó, originally uploaded by Esquinadelaiguana.


El primer día que caminé hasta el 910 de la Calle Hipólito Yrigoyen me temblaban las piernas. No sé por qué. Estaba como a 7 cuadras de la Plaza de Mayo, apenas tenía 5 días en Argentina y era la primera vez que tomaba el subte en Buenos Aires. No sabía qué esperar de mis días aquí.

Las calles polvorientas y muchos comercios con "entraysale" en el corazón de la ciudad, me daban una sensación fría, tal vez inhóspita, del lugar. Iba a casa de mi amiga Ximena, que hacía más de un año no la veía, después de nuestro encuentro en Caracas.

Me recibió su compañero Cristian. Un artista intelectual, envuelto en luchas sociales y despertar de conciencia a raíz de la crisis del 2001, con una cara de árabe-indio buena onda. Ximena estaba trabajando en la revista.

Fuimos a un kiosco a buscar un documental y luego, a comernos una pizza. De vuelta, subimos al apartamento, con Tomás, un amigo periodista de Cristian, que conocía el reggueatón boricua, amante de Calle 13 y que estaba al tanto de la historia de Filiberto Ojeda, Vieques y las protestas contra el FBI. Nos enfrascamos en mil temas, luchas piqueteras, conciencia social, devaluación del peso argentino, despertar de conciencias, comunidades y autogestión.

Cruzamos la puerta del apartamento una tarde de mucho calor. Ya nos habíamos tomado dos Quilmes y yo descansaría en lo que Ximena regresaba del trabajo.

Cristian y Tomás me dejaron instalada en la compu, luego de presentarme a los inquilinos permanentes del lugar: Belgrano y Susanita. Un Golden Retriever súper juguetón y brusco y una gatita sata, que brincaba por ventanas, mesas y tomaba agua de la pluma. En mis manos tenía ya las llaves del apartamento, por si tenía que salir a algo.

El espacio antigüo, lleno de libros, buena música y cuadros hechos por los padres de X. Sin saberlo, estaba llegando a un lugar importante. Desde allí, empezaría a despedirme de mis días en Puerto Rico, para comenzar una vida acá.

A menos de un mes, de llegar a Buenos Aires, este lugar sería mi nuevo hogar. Mi punto de arranque en la ciudad. A sólo unas cuadras del Obelisco (el punto 0 en la ciudad y el país); a tres cuadras de la Emisora de las Madres de la Plaza de Mayo, donde tuve mi primera entrevista radial en enero; a dos bloques de la Oficina de la Dirección de la Mujer, el primer lugar que me ofreció trabajo en comunidades. Sin duda, ha sido mi lugar de despegue, pero también ha sido un lugar donde mis dos amigos, Ximena y Cristian, me han ofrecido mucho amor.

Y hoy, puedo decir que este sitio, es un retrato de mi casa en Puerto Rico. De una forma u otra, este rincón es una extensión de lo que me enseñaron mis viejos toda la vida: amar a la gente sencilla, ser solidaria con el dolor y la alegría de los demás, celebrar el arte, compartir lo que tienes y sobre todo, tener amigos, que poco a poco pasan la frontera de lo desconocido y lejano, para convertirse en familia. Aquí vive mi nueva familia argentina. Y espero, que algún día ellos encuentren un lugar como éste, al otro lado del mar.

domingo, 17 de febrero de 2008

texturas de baires


La Flori 2, originally uploaded by Esquinadelaiguana.

la silla tiene un cuento



la silla tiene un cuento, originally uploaded by Esquinadelaiguana.


He sabido caminar la calle Florida, en el corazón de Buenos Aires, más de cuatro veces un mismo día. Subir y bajar ese tramo de cuatro o cinco cuadras con el corazón en la mano. Y no necesariamente porque quede de camino a mi casa, me anden persiguiendo o sea peligrosa. Nada que ver.

Tampoco porque vaya a comprarme ninguna chuchería, siendo una de las principales calles comerciales-peatonales de la ciudad. No. Es que aquí se encuentran las principales casas de cambio de monedas y las pocas oficinas de Western Union, por donde recibo dinero de la Isla.

Esta calle normalmente está llena de vendedores ambulantes que ofrecen sus objetos desde el piso, peruanos, bolivianos o armenios tocando música folclórica, magos, activistas ambientales, pintores, hippies. Y sobre todo, esta calle está llena de kioscos llenitos de revistas, calcomanías y mapas. En uno de ellos me tropecé con la silla de Ricardo.

Estaba casi escondida en la esquina de un kiosco a punto de cerrar, cuando pasé a las millas. El dueño estaba guardándolo todo y dejó la silla para el final. Me encantó su rojo opaco en medio de tanto gris. Sus patas de hierro sólidas en medio de tanto movimiento. No sé, su diseño añejo.

Iba, como siempre, corriendo a cambiar dinero. Pero, tuve que virar. Me quedé fija mirándola. "Le puedo tomar una foto?", le pregunté al dueño. Se rió y comenzó a contarme su historia.

Tanteó. Tal vez, tenía 35 años o más. Me habló de una pizzería muy famosa en el lugar, que ya cerraron, que estaba llena de estas sillas, pero con las patas más largas. Su padre se las cortó para que cupiera perfecta en el puesto de revistas, a la hora de guardarlo todo.

Entonces, se fue en un viaje y me dio detalles de la antigüa pizzería. Según me dijo, era un clásico de la calle Florida. Tuvo más de 60 años allí. Se acordó de cuando era un chamaquito, tal vez 6 años, cuando vendía periódicos por allí y ayudaba a su papá. Esa desde luego era su silla favorita, porque todavía se mantiene con forma, a pesar del tiempo. Me mostró otra silla en hierro, que tenía cerca de una pila de periódicos. Me dijo, que esa no le tomara fotos. Para él, no era linda. Tenía el tapizado más rústico. Sólo una alfombrita en lana, le tapaba la sentadera en madera. Su silla roja, era otra cosa.

Me pidió que le diera vueltas, que la pusiera contra el piso y le tomara fotos, que su cuñado también le gusta 'eso de la fotografía' y hace cosas raras cuando tiene una cámara. "Cada cual tiene sus gustos", me dijo riéndose, mientras iba guardando periódicos y revistas en el gran puesto de metal. Le quedaba un espacio justo para guardar la silla. Pero no tenía prisa. Sentí que el tiempo se congeló mientras me hacía la historia y yo seguía allí, buscándole un ángulo a su silla, sin saber bien qué era lo que más me fascinaba: si el cuento de Ricardo, su color rojo añejo o que por primera vez, me paraba con calma en la calle Florida y me olvidaba por un momento, de salir corriendo a cambiar dólares por pesos.

escascarándome


escascarándome, originally uploaded by Esquinadelaiguana.


Conocí a Sofía Maldonado una tarde lluviosa en el parking de Plaza Las Américas. Con tanta agua sobre el cristal del carro no podía distinguir quién era la chica petite con sombrilla, que me esperaba bajo la lluvia con una bolsa en la mano, unos espejuelitos de gatúvela y una tatuaje de florecitas y espirales que le corría por media pierna izquierda.

Era ella. La famosa graffitera de San Juan que andaba de viaje por Puertorro y donaría su tiempo y su arte para colaborar con los chicos de la Barriada Morales en Caguas. Mi lugar de trabajo, el verano pasado con el Proyecto de Comunicación de TUTV.

Se subió a mi guagua y lo primero que me llamó la atención fueron sus enormes ojos azules y su voz suavecita, con un mechón largo y "blicheado" recortado a desnivel.

Me pareció cool. Y no me equivoqué. Una semana después éramos panas y había escuchado, de primera mano, cómo una chica de 23 años había comenzado a dejar huellas importantes en las paredes y en la historia del arte urbano del país.

A su edad, era una de las pocas graffiteras en Puerto Rico, que ya había ganado un premio de arte con una multinacional, tenía estudios en arte de la Escuela de Artes Plásticas y completaba sus estudios formales en Pratts en Nueva York, tomando como base el graffiti en Puerto Rico y nuestra identidad cultural.

Aunque en los pasados años Sofía se ha especializado en cubrir edificios y paredes importantes con su arte, sus primeros pasos fueron tímidos. Se iba con su papá a pegar pasquines con dibujos de mujeres por todo San Juan. Hacía una mezcla de pega y harina y los iba pegando uno a uno por todas partes. Mujeres muy fashion, eso sí, porque a Sofía le encanta la moda.

Ahora, sus piezas han ido evolucionando y trabaja personajes, que pinta con pinceles, no con potes ni spray, y casi siempre relacionados con algún tema del lugar o denuncia urbana que le importe.
.....................................................................................

El pasquín en la foto, con cara infantil y de mujercita de hadas, me llamó la atención el otro día, cuando iba de camino a la calle Uruguay a trabajar en una oficina que me prestaron en el microcentro de B.Aires.

Era domingo. Las calles estaba solitarias. Sólo había un chico jugando fútbol a media tarde. Pateaba una bola justamente contra esta pared, llena de pasquines con la imagen de este personaje infantil. Me llamó la atención sus trazos delicados en contraste con la pared llena de sucio y bolazos repetidos.

Me acerqué a mirar. Y el chico cambió de pared. Me acordé de Sofía, de sus primeros intentos de abrirse paso en San Juan, de sus mujeres, que serían el preámbulo de sus trabajos monumentales en edificios y canchas.

Rescaté estas imágenes en fotos. Porque de seguro, no estarán ahí pronto. Me llamó la atención que no tuviera boca. Sólo ojos y cuerpos.

Ahora, mientras escribo, me transporto a una de las primeras imágenes que vi de Sofía en Puerto Rico, cuando aún no la conocía.

Fue en un bar de la Calle Cristo en el Viejo San Juan. Era la imagen gigantesca de una mujer, con cara de muñeca, con la boca cosida. Era terrible ver aquello, una imagen infantil y desgarradora a la vez. Esta imagen en las calles de Buenos Aires, tiene algo de eso.

O tal vez, es mi negación a quedarme callada. A repetirme una y mil veces, que NOSOTRAS, necesitamos salir del anonimato y decir lo que sentimos, lo que nos importa. Hablar, salir del concreto y contar nuestro cuento. Eso es. Dibujarnos una boca, bien grande y salir a la calle, a los barrios, a los teatros, a los medios, a hablar, a escribir, a marcar.

mmmmm


mmmmm, originally uploaded by Esquinadelaiguana.